JORGE IRURUETA
Jorge y Mary, pensar en uno es pensarlo con el otro.
En su Ideal, Nazareth resplandecía con fuerza y en el día a día, en la casa grande con sus seis hijos, a los que vimos crecer.
Familia que alcanzó la plenitud con los casamientos y la llegada de los nietos.
Cómo encauzar tantas vivencias y llevarte a otros para que tu luz los alcance.
Tu fe, profunda y sencilla te fue cincelando a lo largo de los años.
Con Mary en el Curso fueron roca y cimiento, serenidad y amparo.
La catequesis familiar la llevaron a los más necesitados durante muchos años.
Cuando Mary partió, el dolor fue tan grande, cómo seguir sin su aliento, sin sus abrazos. Fuiste vos, el que más la extrañó quien nos consoló.
Vasco, hermano del alma, siempre nos decías que Mary te sostenía de la mano, hablándole a la Mater al oído para cuidarte.
Guardamos esta imagen como un tesoro.
Te hiciste a tu soledad sola de Mary con la fortaleza de tu fe y el acompañamiento amoroso de tus hijos.
Cuando la enfermedad sobrevino, hace unos seis meses, quisiste saberlo todo, para prepararte y prepararnos a todos, para un tiempo sin vos.
Con serenidad, te dispusiste a hacer la voluntad de Dios.
“Lo que Dios quiera”, nos decías una y otra vez, sólo pido no sufrir.
Y así rezamos día tras día, en Comunión, acompañándote y vos con nosotros, con fe inquebrantable.
Fuiste apoyo y consuelo, esperándonos con una sonrisa al atardecer.
Hoy te despedimos y rezamos y lloramos
Comunión en el cielo y en la tierra.
En tu mano Padre, somos comunidad santa.
Forjemos el rostro de Dios Familia
Amén

