PIO EDUARDO MATEO
12/07/41 + 04/07/25
Porque llevaba el nombre de 12 papas de la Madre Iglesia, era nuestro hermano mayor, tenía vastos conocimientos sobre las escrituras, o por la razón que fuera, Pío Eduardo fue una de esas personas que nunca pasan desapercibidas, a pesar de preferir lo contrario.
Su andar tranquilo, mirada profunda y sonrisa imperceptible, irradiaban seguridad, paz y serenidad en cualquier entorno y, especialmente, en cada uno de nuestros encuentros de curso.
Cada vez que desbordábamos de entusiasmo por la “marianidad” schoenstattiana, nos recordaba que la virgen María es “cristocéntrica”. Cuando nos veía sumamente apostólicos y llenos de actividades, hacía sutiles comentarios sobre la importancia de mantener la coherencia entre el ser y el actuar, para no caer en activismos carentes de esencia. Sus aportes siempre parecían destinados a evidenciar el querer divino, a marcar el norte, a ponernos “en el eje” o dejar en claro que no éramos un grupo de amigos católicos sino una comunidad con aspiración de santidad.
Con Beatriz, su compañera inseparable, fundaron una hermosa familia, fecunda en amor y descendencia. Muchos años fueron jefes de curso, entre otros apostolados que supieron desarrollar.
La partida de Pío Eduardo se produjo de una manera pausada y serena. Hondamente sentida, pero a la vez, esperada en gracia. Separación que vuelve a iluminar nuestro andar terreno, recordándonos, una vez más, que siembre debemos dirigirnos hacia el Padre.
Abrazo del alma, querido hermano. ¡Hasta que nos volvamos a encontrar!
Marcela y Guillermo Soria (Curso XIII)

