ERNESTO CURRAS
Ernesto, Mi buen amigo
Hermano de curso. Esposo y padre. Hombre peregrino del camino, anclado en el Corazón de Dios.
La vida y nos cruzó junto al Santuario, la Federación imprimió en nosotros un sello indisoluble, abrazando la vida y lo que la vida nos regalara, Cruces y alegrías.
Con el trabajo no la tuviste fácil, las pruebas te fortalecieron y nunca te quitaron esa sonrisa a la que tu bigote le hacía sombra. Tu inteligencia y capacidad te llevaron a trabajar en empresas de renombre, que las distintas crisis fueron cerrando. pero que nada te impidió seguir remando, sin naufragar en el intento, con una confianza ilimitada.
Nos deleitabas con tus recetas, en encuentros personales, cocinando y colaborando para reunir fondos en causas nobles. Divirtiéndote entre ollas, sartenes y fuegos.
Solidario en tus entrañas, co-fundador del hogar Casa del Niño, para que los que no tenían, tengan posibilidades de acceder a lo digno.
Callado, paciente, conciliador, empático, vivaz, inteligente, sereno, proactivo, transparente. De pocas palabras, de profundos pensamientos que compartías con claridad y sencillez lo que anidaba en tu mente brillante, lo que anidaba en la hondura de tu puro corazón.
Destilabas tu amor a Santa Teresita y te dejabas conquistar por su vida, haciéndola presente en las pequeñas cosas de todos los días.
Profundo conocedor y estudioso de la Sagradas Escrituras, testimoniando y haciendo carne con lo que en ella te nutrias.
Compañero de acompañar en serio, alentando los proyectos, desandando caminos, aventurero con tanto, simplemente por acompañar, por ser amigo.
Solidario y empático junto al dolor y las necesidades del prójimo, lejano o cercano.
Generoso con tus conocimientos, compartiéndolos con sencilla sabiduría.
Como papa, confiando y creyendo en las potencialidades de tus hijos, brindándoles seguridad para crecer y desarrollarse.
El ideal matrimonial perdura en el alma de Susana, pilar inagotable en nuestro curso. ¡Susana esta! y ¡están juntos en camino! Ernesto desde el más allá, ella desde el más acá.
Imaginaste y nos hiciste soñar con la Jerusalén celestial, con la Jerusalén eterna, tan fuerte tu convicción que nos inspiró en nuestro ideal de curso.
Ernesto querido, te nos adelantaste para prepararnos el lugar y volver a estar juntos y así para siempre.
Nos dejamos guiar en tus huellas, Ernesto mi buen amigo. Ernesto nuestro buen amigo

