17/2/2026
Semblanza del Padre Rafael Fernández
Por P. Guillermo Carmona, Argentina •
Con el corazón dolido por la partida de un gran hombre, pero con enorme gratitud, el pasado jueves 19 de febrero la Familia de Schoenstatt de Chile despidió a un Padre de Schoenstatt que a los 92 años de edad selló su última Alianza de Amor en esta tierra. —
El P. Rafael pudo decir como el Apóstol Pablo: “He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he mantenido la fe” (2 Tim 4, 7).
Él fue un maestro en el sentido genuino de la palabra. No enseñó con el frío intelecto, sino con la pedagogía del corazón que Schoenstatt enseña.
Después de su noviciado y formación filosófica y teológica en Friburgo, Suiza, en Friburgo, Suiza, el P. Rafael volvió a Chile y trabajó muchos años como asesor de la Juventud Masculina. Luego lo hizo en la Obra de Familias. Viajó muchas veces a Bolivia, donde fue inspirador en la fundación de Familia de Schoenstatt en San Cruz de la Sierra y en La Paz. Acompañó también la fundación en Costa Rica y fue invitado a dar conferencias y brindar su sabiduría en Miami y muchos lugares de Latinoamérica, especialmente en Argentina y Paraguay.
Su corazón apasionado
Si algo definía al P. Rafael, era su corazón apasionado. No fue un espectador de la historia, sino un protagonista. Su vida fue un grito por la “victoria del pensar, vivir y amar orgánicos”. Sus conferencias, diálogos, videos y búsquedas eran parte de su permanente entusiasmo por Bellavista y la misión del 31 de mayo.
Prolífico escritor, su sabiduría no quedaba en los libros; se traducía en la cercanía de un amigo. Sus libros son una búsqueda para que Dios no sea una idea, sino una presencia viva. Su pasión no era un impulso ciego, era el fuego de quien se sabe llamado a anclar lo sobrenatural en la tierra a través de los vínculos humanos.
La revista Carisma, videos y “Schoenstatt vivo” han ayudado a muchas personas de Iberoamérica a profundizar el Movimiento y llevarlo a diversos lugares.
Él entendió que el Evangelio debía ser anunciado “desde las azoteas” y también a través de la letra impresa. Su corazón apasionado no podía guardar el fuego solo para sí. Siguió el mandato de san Pablo: “Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo” (2 Timoteo 4, 2).
El P. Rafael tenía una veta artística que lo acompañó en todas las etapas de su vida, y lo dotaba de una sensibilidad especial. También esto lo puso al servicio de sus publicaciones.
Un gran comunicador de la Alianza
Los que tuvimos la gracia de conocerlo más de cerca, sabíamos que él se sentía un hijo muy especial del Padre Kentenich. En el Padre Rafael el carisma del Fundador encontró una tierra fértil. Su lealtad no fue una repetición de palabras, sino una recreación de vida.
Fue un gran comunicador de la Alianza y un maravilloso portavoz de María. Cuando hablaba y escribía sobre la Mater, lo hacía desde un corazón enamorado y apasionado por ella.
Su pluma y el uso de las redes fueron medios para tender puentes entre el Santuario y el mundo. Sus libros y artículos no eran solo teoría; eran herramientas de servicio para que otros pudieran encontrar su propio camino de santidad.
Su vida no se explica sin el Santuario. Ese pequeño lugar de gracias no era solo un edificio, sino el espacio donde la Mater formaba corazones apasionados.
Como maestro, enseñó a muchos que la santidad no es una carga, sino el fruto de dejarse transformar por María en ese taller del hombre nuevo.
La Alianza de Amor no es un refugio para aislarse, sino una fuerza para salir a transformar el mundo
Fue un incansable trabajador, sus manos y su mente no conocieron el reposo cuando se trataba de construir Schoenstatt. Su dedicación y servicio brotaban de esa gran capacidad de entrega, de entender que la autoridad, en realidad, no es otra cosa que el lavatorio de los pies.
Su mensaje fue claro: la Alianza de Amor no es un refugio para aislarse, sino una fuerza para salir a transformar el mundo. Este legado queda escrito en el corazón de muchos.
Su pluma ahora descansa, porque su vida se ha convertido en un libro nuevo y bello escrito por la mano de Dios.
Damos gracias a Dios por la vida del P. Rafael, por cada página escrita, por cada conferencia dictada y por cada palabra de aliento que sembró en muchas almas.
En la mañana del jueves 19 los que lo acompañaron al cementerio de los Padres de Schoenstatt lo entregaron al Santuario Eterno.
Jesús, el buen pastor, lo habrá recibido con los brazos abiertos: “Muy bien, servidor bueno y fiel; entra en el gozo de tu Señor” (Mt 25, 21). Descansa en paz, en el corazón de la Trinidad.
Mientras tanto, nosotros rezábamos: Madre, tres veces Admirable, te entregamos a tu hijo Rafael. Que en tus brazos descanse el guerrero, el profeta, el padre y el amigo.



