EDUARDO MONGUILLOT
1949-2025
Hablar de nuestro hermano Eduardo es hablar de una fe sencilla pero profunda. Es hablar de solidaridad y empatía, de madurez y cercanía, del cultivo de los vínculos fuertes y permanentes.
Solemos decir y creer que cuando una persona parte, solo recordamos sus buenos momentos y sus buenas cualidades. En el caso de Eduardo esta aseveración es una redundancia: siempre fue un hombre íntegro, ejemplar, excelente esposo, padre, abuelo, misionero, federado y hermano de curso. Siempre atento y presente ante la necesidad del otro. Fue esa clase de persona que uno siempre quisiera tener como amigo, porque siempre tuvo la palabra precisa en el momento justo.
Nuestro hermano fue un hombre que vivía atado a Jesús, a María y al Santuario fiel a su Alianza de Amor, fiel a su Inscriptio. Todo el tiempo intentaba plasmar en su vida, y con su vida,sus creencias más profundas, anclado por completo en el Cielo pero con los pies en la tierra.
Los que tuvimos el honor de conocerlo, tratarlo y compartir con él momentos profundos e importantes pudimos comprobar largamente que era un hombre de Dios, Bueno, con mayúscula, dueño de esa Bondad que viene de la fé, del Espíritu Santo.
Su ausencia, su partida tan súbita nos toma por sorpresa: nos duele y nos sorprende. Pero nuestra Fé nos dice que no todo termina acá y que algún día nos volveremos a encontrar. Esa es la Esperanza cristiana, a la que estamos atados y en la que creemos.
Sin lugar a dudas, Eduardo ya está gozando de un sitio de privilegio en la larga mesa del Banquete Celestial.
Hasta siempre querido hermano!!!

