Autores: Montserrat Innocente y Daniel Chamorro. Coordinadores diocesanos de Schoenstatt Mendoza
“Una cosa pido al Señor; esto es lo único que busco:
vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida”
Salmo 27,4
Un signo de esperanza en la Asunción de María

El 15 de agosto pasado, en el marco de la Asunción de María, fue bendecido por el Padre Leonardo Di Carlo el cinerario de nuestro Santuario en Mendoza.
Este lugar, destinado a guardar los restos mortales de nuestros seres queridos, ha quedado ubicado a los pies mismos del Santuario, en la ladera del cerro, canalizando las gracias de cobijamiento, transformación y envío que Nuestra Madre promete a sus hijos que ya están en camino hacia el Padre, así como a sus familiares y amigos.
A todos los que peregrinamos hacia las playas definitivas, María nos estrecha en su manto de gracias.
El camino de Mendoza: “Nazaret del Padre, Tierra de Unidad”
Nuestro Santuario de Mendoza, “Nazaret del Padre, Tierra de Unidad”, es ya un Santuario maduro.
Las generaciones que forjaron los primeros trazos del Movimiento en Mendoza —quienes se ofrecieron en el Congreso Mariano de 1980, quienes dedicaron su vida a construir el Santuario, difundir en la Iglesia el carisma de Schoenstatt, acercar peregrinos a la Alianza y vincular la misión con la Iglesia mendocina— han dejado su huella cariñosa y su deseo de establecer a María en las laderas del pedemonte mendocino.
A fuerza de esperanza, trabajo y confianza en la Providencia, aquel desierto se convirtió en un hogar de gracias.
A Cristo por María: una herencia viva
El lema del Congreso Mariano, que tanto significó para la historia de Mendoza, fue: “A Cristo por María”, resaltando el rol de la Virgen en la historia de la salvación.
Esta presencia de María en nuestro peregrinar como Corredentora no se limita a lo social: Ella nos lleva a Cristo como pueblo, pero también individualmente, acompañando a cada persona y familia. Su cariño integra lo personal con lo comunitario.
En ese sentido, el Santuario enclavado en la frontera fue soñado como respuesta en tiempos donde la paz y la unidad estaban amenazadas. Su misión quedó expresada en estas palabras: “Nazaret, un solo corazón en el Padre, garantía de unidad”.
Una práctica que revelaba un deseo profundo
Con el paso de los años, fue creciendo una corriente de vida silenciosa. Muchos peregrinos, conmovidos por la belleza del lugar, comenzaron a depositar discretamente las cenizas de sus familiares en rincones del predio.
Al principio se intentó desalentar esta práctica, pero con el tiempo se comprendió que expresaba un deseo profundo de las familias: que el descanso de sus seres queridos estuviera vinculado a un lugar bello, de gracias, cercano a María.
Ese gesto escondía un mensaje: “A Cristo, con María” no era solo un lema nacional, sino también un consuelo para quienes enfrentaban el duelo y para cada alma en camino hacia el Paraíso.
El fruto de la fidelidad y el capital de gracias
El Santuario de Mendoza se ha forjado con sacrificios y gestos de entrega. Cada rincón de su terreno ha sido donado por manos agradecidas, confiadas en la Providencia, muchas de las cuales hoy descansan ya en la Gracia definitiva.
Era justo que esas personas, que ofrecieron tanto para que María se estableciera allí, pudieran reposar a los pies de la Mater.
El jubileo, ocasión para concretar el sueño
Los intentos anteriores por construir el cinerario habían sido infructuosos. Sin embargo, este año jubilar —cuando el Santuario fue declarado Puerta de Esperanza— el proyecto finalmente se concretó.
La obra, que llevaba años detenida, se aceleró providencialmente y culminó el 15 de agosto, fiesta de la Asunción de María, como un verdadero guiño del Cielo.
María, garantía de unidad definitiva
Hoy, en medio del Jubileo de la Iglesia, la Mater nos recuerda que vamos “A Cristo, con María”. Ella es la garantía de unidad definitiva, tanto en la vida personal como en la misión diocesana.
El cinerario, ubicado en la ladera del cerro, a mitad de camino hacia la Cumbre del Santuario, refleja nuestra propia vida: un trayecto hacia el Tabor del Señor.
Ese 15 de agosto, mientras celebrábamos la Asunción, los primeros peregrinos entregaron allí sus restos como prenda de vida. Con ello, quedó plasmado el sentido profundo de este lugar: en el Santuario de Mendoza, la unidad con Dios atraviesa la esperanza de vida.


