100 Años de entrega y gratitud de las Hermanas de María de Schoenstatt.

En un fin de semana marcado por una profunda emoción, fe y espíritu de familia, nos congregamos en torno al Santuario para celebrar un hito histórico e inolvidable: el Jubileo del Centenario de la Fundación del Instituto de las Hermanas de María de Schoenstatt. Cien años transcurridos desde aquel 1° de octubre de 1926, cuando el Padre José Kentenich dio inicio a esta obra que hoy abraza al mundo entero.
Aunque el clima nos desafió durante dos intensas jornadas de mucho frío —que obligaron a abrigarse bien y buscar el calor fraterno—, la calidez de la fe no decayó en ningún momento. Y el domingo, como una caricia de Dios y la Mater para coronar la fiesta, finalmente salió el sol para iluminar con todo su esplendor el Santuario y a la multitud de fieles, peregrinos y miembros de las distintas ramas del movimiento congregados para dar gracias.
La presencia del clero y de la comunidad rodeando a las Hermanas frente al Santuario reflejaba la magnitud de un legado que ha sabido cruzar continentes, culturas y generaciones.
Un gesto con historia: La apertura del portón histórico
Un momento sumamente conmovedor e impregnado de simbolismo fue el gesto con el que se dio inicio al festejo jubilar en el Santuario del Padre: la apertura del portón reja histórico.

Este portón guarda una memoria sagrada para toda la comunidad, pues por allí cruzó en su momento nuestro fundador, el Padre José Kentenich. Cruzar y abrir de par en par ese portal histórico significó no solo rememorar las huellas del Padre en nuestra tierra, sino también abrir el corazón a un nuevo siglo de gracia, conectando el origen con el presente de esta obra.
Un tesoro que no conoce fronteras
La celebración fue, ante todo, un testimonio vivo de que compartimos un gran tesoro, algo que supera ampliamente cualquier frontera. En el salón de actos, resonaron los cantos y las guitarras en un marco de jubilar fraternidad.




Frente a la imagen de la Mater, coronada por los colores y banderas de múltiples naciones, un coro de Hermanas entonó alabanzas que conmovieron a todos los presentes. La música, el color de las banderas y la calidez del encuentro recordaron que el carisma de Schoenstatt no es de una sola tierra, sino un regalo para la Iglesia universal.

Ese compartir generoso y fraterno es precisamente lo que hoy nos regala a todos una profunda e inalterable alegría.
El arte de la memoria: Presentación teatral del Colegio Mater Ter Admirabilis
Un momento emotivo de la jornada estuvo a cargo de los alumnos del Colegio Mater Ter Admirabilis, quienes deslumbraron con una cuidada presentación teatral.
A través de su actuación, pudimos realizar un conmovedor recorrido vivo por la línea de tiempo de esta historia sagrada: desde la fundación misma y la creación del Instituto de las Hermanas hasta su florecimiento actual.

La frescura y el compromiso de los jóvenes le dieron vida a cada hito histórico, permitiéndonos revivir el fuego de los comienzos y el valor de quienes cimentaron este camino a lo largo de los años.
El obsequio de la Federación de Familias de Argentina
Un momento de especial gracia y profundo significado espiritual fue la entrega del obsequio por parte de la Federación de Familias de Argentina. Como gesto de inmensa gratitud por este siglo de compañía y entrega de las Hermanas, se les obsequió un hermoso frontal para el altar bordado con la inscripción «Ven Espíritu Santo», flanqueado por delicados detalles de llamas de fuego.

Este regalo no solo adorna el espacio sagrado, sino que simboliza la oración constante por una renovada efusión del Espíritu Santo sobre la comunidad de las Hermanas, encomendando su misión presente y futura en favor de las familias y de la Iglesia.
La voz de la experiencia: Voces que renuevan
Durante los momentos de encuentro en los jardines y galerías del Santuario, los testimonios cobraron un valor incalculable.
- La Hermana Edna, con una sonrisa plena y la sabiduría que dan los años de entrega incondicional, compartió la inmensa gratitud que guarda en el corazón. Al recordar su larga trayectoria acompañando a la Federación de Familias desde sus inicios en Argentina, destacó el regalo inmenso que ha sido servir en lo cotidiano y silencioso: «El llamado es lo fundamental», expresó, renovando en todos el sentido del compromiso y del valor de ser partícipes de la construcción de la Iglesia.
- Por su parte, la Hermana Marie Madeleine remarcó la emoción de volver a encontrarse con tantos rostros queridos y el anhelo renovado de que las familias sigan siendo ese gran testimonio y fuerza misionera que el mundo de hoy tanto necesita.
Luces en medio de los desafíos
Sabemos que cien años de historia no se construyen sin entrega ni sacrificio. Esta misión encierra también grandes desafíos en las tareas que día a día se nos confían. A veces brotan la fatiga, el cansancio o la desilusión frente a las dificultades del mundo actual.

Sin embargo, el clima espiritual de esta fiesta jubilar dejó una certeza grabada a fuego: el saberse amado por Dios, elegidos por la Mater, enviados y mirados con amor por el Padre es la fuente inagotable que nos renueva en las fuerzas.
En el altar del Santuario, bajo la mirada de la Mater Ter Admirabilis y el lema Magnificat anima mea Dominum, quedaron depositadas todas las intenciones, las fatigas transformadas en capital de gracia y el agradecimiento infinito de toda la Familia de Schoenstatt.

En estos días de jubileo en el Santuario del Padre, Santuario Nacional pudimos compartir estas emociones con otros hermanos de la federación apostólica de familias de Argentina que peregrinaron para vivir este momento de bendiciones y recibir la indulgencia plenaria al cruzar el portal del Santuario.
¡Gracias, gracias, gracias!
Gracias a cada una de las Hermanas de María por la entrega diaria, implacable, vivida en lo cotidiano y silencioso de cada jornada, así como en los grandes desafíos que la historia les ha ido presentando. Que la Mater continúe bendiciendo y guiando su misión por muchos años más.
¡Por otros cien años de fidelidad y misión!



