Hoy recordamos con gratitud al P. José Kentenich, fundador de la Obra de Schoenstatt, quien partió a la Casa del Padre el 15 de septiembre de 1968.

Su vida fue un testimonio de amor filial a María, de confianza inquebrantable en la Providencia y de entrega a la voluntad de Dios. Nos enseñó a descubrir a Dios en lo cotidiano, a vivir como hijos y a dejarnos educar por la Santísima Virgen para ser instrumentos en sus manos al servicio de nuestra misión como católicos en nuestro tiempo.

Educador profético de personas y comunidades, fundó una gran obra apostólica en el seno de la Iglesia, el Movimiento de Schoenstatt. La espiritualidad y acción apostólica, educadora y fundadora del P. Kentenich lo convirtieron en blanco de la persecución nazi, por lo que estuvo preso en el campo de concentración de Dachau.

Más tarde pasó 14 años exiliado en Estados Unidos en lo que fue una dura prueba por parte de las autoridades eclesiásticas, que él superó y respondió con un amor inquebrantable a la Iglesia, expresado en el epitafio que escogió para su tumba: Dilexit Ecclesiam, amó a la Iglesia.

De regreso del exilio y después de que se levantaran todas las medidas eclesiásticas que lo mantenían apartado de su fundación, dedicó sus últimos años a consolidarla.
Padre Dios, te damos gracias por la vida y misión del P. José Kentenich.
Él nos enseñó a confiar plenamente en tu Providencia y a caminar de la mano de María, nuestra Madre y Educadora, en alianza de amor con ella y al servicio de la misión de la Iglesia.
Concédenos vivir fieles a esa alianza de amor con María, a dejarnos educar por ella, para que, como instrumentos tuyos y suyos, podamos servir a la transformación del mundo en Cristo.
Amén.🙏

