Marta y Alberto, siempre fueron un referente de amor matrimonial , un ejemplo concreto de servicio y entrega total.
Siempre pensamos que eran nuestro matrimonio santo. Pudimos mirarlos como ejemplo y experimentar su paternidad y maternidad.
Marta y Alberto, pertenecían al Curso Contigo, curso fundante de la Federación de Familia. Supieron vivir e irradiar casi sin proponérselos, ser padres de un mundo nuevo. Siempre fueron un referente de amor matrimonial, un ejemplo concreto de servicio y entrega total.
Siempre pensamos que eran nuestro matrimonio santo. Pudimos mirarlos como ejemplo y experimentar su paternidad y maternidad.
Toda reunión con miembros de Federación en el dulce hogar de los Benites en Núñez, no se vivía como un trabajo apostólico, sino como un mimo al alma. Alberto generosamente preparaba unos inolvidables asados y Marta desplegaba unos detalles de atención, escucha y confianza enaltecedora fuera de lo común.
Su capacidad de liderazgo innato, su humildad y magnanimidad, los llevó a pertenecer al Consejo Territorial desde sus inicios. Fueron además los primeros Jefes de la incipiente Región Metropolitana, desde 1998 a 2002.
Se sentían tan dóciles instrumentos que captaban la esencia de la espiritualidad y carisma de Schoenstatt en Argentina, ser FAMILIA DEL PADRE, que recién elegidos Jefes Regionales y constituida como Región Autónoma, se pusieron como federados a disposición de la Familia diocesana para su crecimiento.
Llamaba la atención, cómo ALBERTO preparaba cada reunión de CO, el valioso resumen del material a profundizar en la misma, su agudeza intelectual, su sensibilidad espiritual, sobre porque contra restaba con su deterioro físico para desplazarse. Aún así su compromiso con la doble membralidad era admirable, al igual que la abnegación con que Martita (como la llamaba cariñosamente) cuidaba de él. Mostraban el atractivo por el matrimonio y la familia, muy naturalmente.
Siempre un caballero en sus modales, en su forma de generar comunidad sea en un ambiente laboral como apostólico.
Su huella en nuestros corazones, perdurará por siempre.

