Encuentro Nacional de Familias de Schoenstatt

Huerta Grande. Córdoba. 9, 10 y 11 de julio de 2010.-
Mi familia – Nuestra patria.-  Mensaje del Encuentro de la Obra de Familias de Schoenstatt y expresiones del P. Rafael Fernández

En el año del Bicentenario de nuestra Patria, del 9 al 11 de julio, nos reunimos 1.200 personas, para celebrar el don de la vida y el regalo de tener una familia. El encuentro organizado por la Obra de Familias del Movimiento Apostólico de Schoenstatt, se desarrolló en Huerta Grande (Córdoba), bajo el lema "Mi familia, nuestra Patria". Deseamos compartir esta vivencia.

En el transcurso del encuentro fue creciendo la certeza de que el Evangelio se revela en la comunión de corazones, anhelos y tareas. Por eso la presencia de Dios -que no es un solitario – y de Jesús, que vivió en un hogar y construyó comunidad, se espeja en la familia.

Nuestro fundador, el P. José Kentenich, definió a las familias "Fundamento y corona de la sociedad" y le entregó el legado de construir un nuevo orden social basado en la verdad, el amor y la justicia. En medio de tantas incógnitas sobre nuestra identidad, queremos mostrar el esplendor de la verdad sobre el matrimonio y la familia. Ella es el "santuario de la vida", donde la maternidad y la paternidad humanas se hacen santas, porque reflejan a Dios Padre y a nuestra Madre, María.

Queremos vivir nuestra vocación de amor esponsalicio como proyección y servicio desinteresado a la vida ajena, especialmente a la de nuestros hijos.  Cada uno de ellos es un regalo de Dios que valoramos, acogemos y cuidamos en solidaridad, respeto y libertad. Queremos regalarles un hogar que los cobije, los haga seguros y anticipe el cielo.

Nuestras familias quieren ser una alternativa a la cultura individualista y a la fragilidad de los vínculos, a la acumulación vergonzosa de intereses y al hedonismo sin medida. Nuestra propuesta es compartir el pan de la hospitalidad y de la vida, la acogida a los excluidos, enfermos y leprosos del espíritu -entre los cuales nos contamos- y a quienes buscan a Dios a tientas en la noche. Donde no hay espacio para ellos porque no son tan importantes a los ojos del mundo, hay un hogar en nuestro corazón.  
Como familia nos sabemos misioneros del Reino. Los padres y madres de familia no somos dueños de la Palabra sino sus servidores. Esta misión no es individual sino conjunta y complementaria del marido y la mujer. El sacramento del matrimonio, que hemos renovado, nos regala fortaleza, nos devuelve el fuego del primer amor y nos incorpora a la victoria de la Pascua.
Al finalizar este encuentro hemos pedido al Señor que envíe más operarios -matrimonios- que siembren en la Iglesia y en el mundo semillas de esperanza. Frente a la experiencia de nuestros límites, le pedimos a María que se acerque a su Hijo y le pida para nuestras familias, como en Caná, el vino fuerte y santo de la Alianza.

Respetamos a aquellos que piensan diferente: el amor no se impone, se propone. No discriminamos sino afirmamos nuestras convicciones. Aceptar el mensaje de la familia es una oferta inconclusa del Paraíso, pero siempre abierta a construirse por quienes guardan la promesa.
Porque esta tarea es tan difícil y nos sabemos enviados como corderos en medio de los lobos, recurrimos a María, y siguiendo la enseñanza del Fundador de Schoenstatt la coronamos: "Madre y Reina de una patria para todos". Tenemos la certeza que Ella tomará nuestra pequeñez e impotencia y por su poder de Reina nos enseñará a no claudicar.
Asumimos el desafío de esta hora y nos comprometemos todos – hijos, hermanos, padres y cónyuges – a ser pregoneros de la luz y del amor.
 

Dijo el P. Rafael: “….Tengo  que felicitarlos por algo que ha sido un sueño que yo siempre he tenido: El trabajo en conjunto de la OF. Uds. organizaron en común estas Jornadas con la Federación, el Instituto y la Liga. La pensaron, la trabajaron y la organizaron en común. Eso es lo que el P. Kentenich quería:  no que cada comunidad sea autosuficiente. A veces se entiende muy mal lo que significa Federación. Los federados somos autónomos pero lo nuevo es que nos confederamos, nos aliamos, sino ¿qué le vamos a decir a la Iglesia? ¿qué le vamos a decir si entre nosotros no somos uno? ¿ cómo vamos a dar un mensaje de trabajo en común? Yo estoy seguro que los que han trabajado en el ECOF están mucho más amigos que antes, te conocés mucho mejor en el trabajo, se une mucho más en el trabajo. Claro que si vamos a tomar un café, una cerveza vamos a tener una mejor relación y vamos a conversar de lo que hacen uds., de lo que hacen los otros. Pero si queremos traer un cambio real no lo vamos a lograr sino en el trabajo en conjunto. Trabajo. Acá lo estamos logrando hacia el interior de Schoenstatt, es un primer paso esencial, porque sino trabajamos al interior de Schoenstatt en común y no tenemos la conciencia de que formamos equipo, de que cada uno es importante y necesario para lograr los fines que tenemos ¿qué vamos a hacer apostólicamente? ¿Tenemos estrategias en común? ¿Hemos diseñado estrategias en común? O somos francotiradores?  No sé, una comunidad, una persona, un matrimonio:   Uno está aquí, otro allá, otro más allá… Miren lo que pasa en el mundo, esta confabulación de ataques que está recibiendo la Iglesia… ¿no creen que hay un cerebro detrás de esto?¿que no  hay una cosa planificada? Y nosotros ¿dónde quedamos? Yo creo que es el momento, como dicen uds., de que Schoenstatt salga del “termo”. Evidentemente tenemos que tener, insisto, con la misma fuerza, no tanto schoenstattianismo radical e integral sino Kentenijianismo porque hay muchos schoenstattianos como en la Iglesia hay muchos cristianos, la cuestión es cómo seguimos a Cristo, si somos fieles al evangelio. No basta con ser católico, con estar bautizado, con haber hecho la alianza. Otra cosa es si soy hijo del P. Kentenich real, y si he tomado al P. Kentenich integralmente. No jibarizándolo, sobre todo en un tiempo, que después de la muerte del fundador, normalmente se diluyen las cosas.  Habría que preguntar a San Francisco de Asís y a otros fundadores para ver lo que sucede, nosotros no estamos exentos de eso. Por lo tanto los felicito, sigan trabajando en común, pero agrego, hagan estrategias apostólicas en común. Hay casos ejemplares pero necesitamos muchos más. No somos francotiradores. Además todas las comunidades de la OF tienen un apostolado prioritario: la familia. Nosotros tenemos una riqueza que no es para nosotros, es para la Iglesia. Nosotros tenemos que vivirla para poderla aplicar y entregar junto con otros, ciertamente. Pero sino actuamos estratégicamente vamos a dilapidar el inmenso potencial apostólico que tenemos. Porque estamos dispersos. Y “la unión hace la fuerza”, también en esto. Seamos astutos en el sentido de Dios. El Señor fue muy estratégico. ¿Qué hizo? Eligió a 12, de esos 12 a 3, después a 72 y los mandó, ¿a dónde? A un territorio. Nosotros ¿qué estrategia común tenemos? No está el Padre. Si estuviera el Padre aquí nos daría las estrategias. Pero estamos nosotros y tenemos que trabajarlas en común y atrevernos a emprender cosas y cosas grandes. Nosotros tenemos que entregar la riqueza de una pastoral familiar a la Iglesia, no dando charlas porque creo que charlas hay muchas. Hablar contra el aborto, el matrimonio gay y lo que quieran uds… hay muchas personas que lo están haciendo… es buen

o que hagamos una gran manifestación, no tengo nada contra eso, pero eso no decide las cosas. Nosotros entregamos el matrimonio como Iglesia pero no entregamos cómo vivirlo. Si a mí me bautizan y no me enseñan cómo vivir mi bautismo yo soy un pagano más. Y si nosotros recibimos el sacramento del matrimonio no por eso somos matrimonio cristiano. Y ahí se decide la cosa. Y esto hay que hacerlo con método. Tomando una frase de un obispo “nosotros no somos una pastoral familiar hospitalaria”, porque no podríamos dedicarnos a atender parejas en crisis y a divorciados pero lo que pasa que son cientos los que no saben cómo no llegar a los mismos términos si es que no hay alguien que se lo enseñe. Como dijo el señor tullido que estaba al lado de la piscina cuando le preguntaron por qué no se metía en ella: “porque no tengo a nadie que me lleve, no tengo a nadie que me acompañe”. Los felicito por lo que han hecho. Los animo para que hagamos más obras en común, en común. Pensándola en común, realizándola en común, dando cada uno su aporte. Estratégicamente, colegios, parroquias, universidades, municipalidad, empresas. Todos necesitan el mensaje de la familia. Pero no que nos prediquen sobre la familia, de lo bueno que hay en la familia y de lo malo que está pasando, eso lo damos por supuesto…”

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*